Por un segundo el tiempo se detuvo.
Ya no escuchaba nada más que no fuera mi respiración ralentizada, que pasó rápidamente a volverse un jadeo cuando comencé a hiperventilar, presa del miedo.
Mael mantenía una expresión en su rostro que dejaba ver claramente una mezcla de molestia, tristeza y decepción. No pude mantener la vista fija en esos ojos atónitos que me culpaban del malestar de su alma. Direccioné mi mirada a Nathaniel, que me observaba fijamente, preocupado, para después caer de rodill