Supe que Mael estaba cerca de mí, pude sentir su enojo y tristeza, como si de alguna forma yo misma lo experimentara. No me atreví a levantar la vista o buscar hablarle. No sabía que decirle. Las cosas no deberían haber sido así.
—¿Por qué? —el enojo no era la emoción que predominaba en su voz, la tristeza fue la que me habló— ¿Qué te hice para merecer esto? — escuchar eso en la manera en la que lo dijo fraccionó otra parte de mi corazón. Mael estaba sufriendo.
—Tu no hiciste nada. Eres el mejo