Mundo de ficçãoIniciar sessãoAmelia reconoció que tanto ella como Mari existían en un sistema que funcionaba en su contra. Las deudas de su padre y el nombre Mancini de su madre habían cimentado sus vínculos con la mafia. Ella no podía quitarle el dolor más de lo que podía cambiar su propio destino. Todo lo que podía ofrecer era apoyo y con suerte protección a medida que su propio poder se expandía y crecía.
En una voz baja que vibraba con emoción y fuego, Amelia afirmó:
—Puede que nunca te liberes de ell







