Mundo ficciónIniciar sesiónAmelia cerró los ojos. Le estaba empezando a doler la cabeza.
—No puedes hablar en serio— gruñó en voz baja.
Salvatore se pasó los dedos por el pelo negro azabache. Suspiró.
—Me temo que no, angelo. ¿Por qué iba a mentir sobre un asunto tan serio como el matrimonio?
Los ojos de Amelia se abrieron de golpe. Curiosamente, tenía razón.
Salvatore no le pareció el tipo de homb







