Atacante

Las puertas principales fueron consumidas por un impenetrable resplandor al rojo vivo en cuestión de segundos. A esta letal ráfaga de fuego le siguieron los gritos de hombres fuera de la iglesia. Su corazón tronó como loco.

¿Qué carajo?

Detrás de ella, Amelia hizo una mueca cuando Brina Lombardi chilló de terror

—Non voglio morire con il cadavere di Piero!/ ¡No quiero morir con el cadáver de Piero!

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