Entretanto, Derek se veía incapaz de quitarle los ojos hambrientos de encima a Ariam. Su adorado cuerpo era una maravilla y sus mejillas coloradas lo ponían duro, duro y más duro. Era increíble que, pese a todo lo que habían hecho de mil maneras diferentes, Ariam todavía se veía tímida y tierna como si fuera su primera vez en esto.
Él estaba duro como una piedra y la humedad de Ariam se expandía entre sus entrepiernas, ella estaba más que preparada para darle otra vez una bienvenida, con su pu