Cuando salieron del club, Nilvia tenía una sonrisa traviesa en su rostro.
—¡Vamos a la siguiente parada!—, dijo emocionada, mientras arrastraba a Ariam hacia un sex shop cercano.
Desde el momento en que entraron, el olor distintivo a látex y aceite de masaje inundó sus sentidos. Las paredes estaban adornadas con estantes que contenían una variedad de juguetes sexuales y artilugios que Ariam nunca antes había visto. Vibradores de todos los tamaños, consoladores realistas, lencería erótica, espos