El día antes de su viaje, Gabriel la llamó para invitarla a cenar. Regina aceptó.
Fueron a un restaurante de comida japonesa y, como todavía era temprano al terminar, ella le sugirió dar un paseo por un parque cercano. Gabriel aceptó con agrado.
A esa hora, el parque estaba lleno de gente que caminaba para bajar la cena. La mayoría eran parejas, tanto jóvenes como mayores, que iban de la mano o del brazo. Se notaba el cariño entre ellos.
Regina y Gabriel caminaban con un poco de distancia entre