Por otro lado, Madelaine ni se inmutó a la presencia de su jefe. Continúo comiendo e ignoró con indiferencia, indiferencia que Warrick no pasó por alto.
—No, gracias Laura. Iré a correr un rato y me caerá mal —mencionó acomodándose en uno de los taburetes, justo al lado de la joven—. Puedes retirarte.
La señora Laura asintió, y se marchó de la cocina, dejándolos solos. Warrick se dedicó a observarla de soslayo, pero Madelaine fingía revisar su móvil mientras terminaba su desayuno. Harrington s