Al ver que Camila había cerrado los ojos y que su respiración era mucho más acompasada, se levantó con suavidad del sofá, la arropó con una manta qué tenía doblada sobre el respaldo del mismo, y salió del despacho, sin hacer ruido.
Cuando por fin se encontró en el pasillo, atendió la llamada y se llevó el móvil a la oreja, mientras bajaba las escaleras.
—¿Leo? —preguntó Alex al otro lado de la línea—. Te estuve llamando, pero…
—Alex —lo interrumpió. Si voz casi como un gruñido.
Alex guardó