Sintiendo la culpabilidad a flor de piel, algo impropio de él, se bajó del coche y se encaminó hacia la vivienda.
Al cruzar la puerta, se encontró con que todo estaba en penumbras y sumido en el más completo silencio; comprobando que, tal y como había imaginado, Camila se había guarecido en su dormitorio. De hecho, ni siquiera se oía el trajín de Mary en la cocina. Era como si hubiera entrado en una sala insonorizada.
Sintiendo que se le partía la cabeza en dos, Alex se acercó a la cocina, ag