Los síntomas de embarazo empeoraban con el pasar de los días, ya no eran únicamente las náuseas matutinas, sino que además, había empezado a agarrarle repulsión a sus comidas favoritas.
—Pero debes de comer algo, Eloísa—la regañó su hermana, al ver que había dejado su almuerzo prácticamente intacto.
—Ya te dije que no me gusta—se quejó la chica en tono caprichoso.
—Entonces, elige otra cosa, ¿qué quieres comer?
—No me apetece nada—la realidad era que había perdido por completo el apetito en