Alek Vólkov
Miré con cara de pocos amigos a la joven muchacha que nos estaba atendiendo y juro que quise estrangularla en ese preciso instante, pero me contuve por la gente que nos veía y por Dasha.
—No te pedí vestidos para que mi mujer muestre hasta las ganas de vivir, creo que fui lo suficientemente claro contigo cuando te especifiqué lo que buscábamos —solté con amargura.
—Le traje lo único que se ajustaba a todos sus requerimientos, señor Vólkov —dijo con nerviosismo, logrando enfurecerme