Habiendo dado las instrucciones, en los ojos de Lorena se reflejó un destello malicioso. En este momento, ella era como una serpiente venenosa oculta en una oscura madriguera, esperando el momento adecuado para salir y morder a su presa con saña.
Lorena palmoteó el hombro de Valentina y le susurró al oído:
—No olvides grabar un video. Quiero que ella caiga en desgracia y se vaya de Santiago para siempre.
Valentina sintió un escalofrío recorriendo su espalda al ver a esta versión de Lorena.