Dentro de la cabina de primera clase del avión, Juan sacó los dos anillos que "había tirado". Tras dudar un momento, escogió el anillo más grueso y se lo puso en la mano. Nunca antes se lo había probado, pero tenía la talla justa, como si le hubieran tomado las medidas.
Dentro tres años, se negaba a llevar anillo de casado con la excusa del trabajo. Lina, sin embargo, no se enfadaba, era amable e indulgente con él. Pero no esperaba que se marchara con tanta firmeza, y ni siquiera quería su anil