Aiden
No la vi venir.
El impacto de su palma contra mi mejilla fue seco y repentino, resonando en mi oído. Luego vino el segundo y el tercero. Tres bofetadas en rápida sucesión que me pillaron completamente desprevenido.
Le atrapé la muñeca antes de la cuarta, listo para ladrar alguna respuesta, pero no me salieron las palabras al ver su rostro.
Sus ojos verdes me miraban con esa expresión que gritaba que se arrepentía de cada momento que pasaba respirando el mismo aire que yo.
Se sol