Leah
—¿Necesitas ayuda para cambiarte? —se burló Aiden, con la mirada puesta en mi pecho.
Maldito pervertido de mierda.
Mis dedos se apretaron alrededor de la correa de mi bolso.
—No. Sal.
Se apoyó en el marco de la puerta, sonriendo de lado.
—Pero yo también necesito cambiarme. No querrás que me resfríe, ¿verdad?
—Entonces consigue otra habitación.
—El baño servirá —dijo, pasando junto a mí.
Se quitó el abrigo y lo dejó caer despreocupadamente al suelo, y luego sus dedos fueron a los botones d