*—Dante:
Cuando llegaron al lugar, todos saludaron a Dante con la familiaridad de siempre, besos en la mejilla, apretones de manos y comentarios triviales, pero con Ezra fue distinto. Dante lo notó al instante. Su asistente, que siempre parecía invisible detrás de él, fue recibido con sonrisas cálidas, abrazos e incluso bromas afectuosas. Su madre lo abrazó como a un hijo más, sus hermanos lo palmearon en la espalda con camaradería y las cuñadas lo rodearon con genuino entusiasmo. Dante frunció