*—Ezra:
¿Qué había pasado?
Ezra sintió las piernas temblar y estas le fallaron, haciendo que cayera de rodillas al suelo del baño. Draco refunfuñó y se fue molesto, pero Ezra no podía ir tras él; estaba completamente anonadado por lo que acababa de suceder.
El aroma de Dante impregnaba todo el lugar, envolviéndolo en una mezcla embriagadora de ámbar ahumado y especias cálidas, que lo mareaba y aceleraba el pulso, pero eso no era lo único que lo hacía tambalear.
Bajó las manos hacia su pantalón,