Paolo llamó a Lorena apresuradamente. Aunque Lorena era muy joven, no se intimidó en absoluto ante la presencia imponente del presidente de la sede mundial. Mientras el jefe la evaluaba, ella también inclinaba la cabeza para estudiarlo. Sus grandes ojos brillantes, como canicas, se fijaron en él sin ningún rastro de miedo.
El presidente de la sede es conocido por ser extremadamente riguroso, y todos sus subordinados le temen. Al ver que Lorena podía sostenerle la mirada sin pestañear, los prese