Zaya miró a la profesora de arte, incrédula. "¿Solo eso?", pensó. Esperaba una lluvia de elogios, pero la profesora apenas le dedicó atención antes de pasar al siguiente alumno. La rabia comenzó a hervir dentro de Zaya, alimentando un resentimiento silencioso.
Todo cambió cuando la profesora llegó a la pintura de Mia. En el instante en que el trabajo fue revelado, un suspiro colectivo se apoderó del salón.
Incluso Zaya, que intentaba fingir desinterés, no pudo evitarlo. Al mirar el lienzo de Mi