Vivian se lavó la cara, se arregló y practicó su sonrisa frente al espejo unas cuantas veces hasta que pareció más natural antes de salir.
Al ver a la Sra. Helza todavía parada junto a la puerta esperándola, se quedó atónita por un instante.
Antes de que pudiera reaccionar, la Sra. Helza se acercó, le tomó la mano y le dijo gentilmente: "Vivian, no tengas miedo. Tu ayudante está aquí. ¡Vamos a darle una lección a ese idiota juntas!"
La mente de Vivian todavía estaba en blanco. Fue solo cuando s