El profesor Romero creyó haber oído algo.
Se giró para mirar, pero los niños estaban sentados tranquilamente en sus lugares, leyendo en silencio.
Pensó que debía de estar imaginando cosas, porque de lo contrario una escena así jamás podría haber ocurrido.
Aquellos niños, normalmente, aprovechaban cualquier oportunidad —cuando el profesor salía del aula o incluso cuando se daba la vuelta para escribir en la pizarra— para empezar a jugar entre ellos.
Era la primera vez que veía algo así.
El profe