Berta frunció el ceño y lanzó una mirada de desagrado hacia Luana y Alessandro. ¡¿En serio?! ¿Él todavía la reconocía como madre? Allí estaban, bromeando y riendo frente a ella, ignorándola por completo. Si no hubiera conservado un ápice de cordura, ya habría explotado. Sus dedos se cerraron en puños de rabia, ¡sus uñas casi le perforan las palmas!
—No te preocupes, ¿sabes defenderme cuando me provocan? —Luana sonrió y le guiñó un ojo a Alessandro.
Alessandro sonrió, una leve expresión irónica