—Eso no es una buena idea. Estás tan ocupado con el trabajo, ¿cómo puedes tener tiempo para cuidar de ella? —dijo Berta apresuradamente.
Ella no quería que Lorena se fuera a la casa de Alessandro, porque así no tendría la oportunidad de desarrollar una relación con su nieta. La familia Veronese finalmente tenía una integrante más joven, así que, naturalmente, Berta la mimaba como a un tesoro.
El corazón de Lorena se apretó, y se agarró con fuerza a la ropa de Alessandro, rehusándose a soltarla.