—¡Mamá!
Luana acababa de salir de la oficina de Heitor cuando, de repente, escuchó un grito familiar.
Miró hacia la dirección del sonido y vio a una pequeña niña desconocida caminando por el pasillo tomada de la mano de su madre.
La luz que había aparecido en sus ojos al escuchar la voz infantil se apagó al instante.
Las criaturas estaban todas en la capital... ¿Cómo podrían estar aquí?
"Debo estar imaginándolos porque los extraño demasiado", pensó.
—¡Mamá!
La voz volvió a llegar a sus oídos.
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