—Señorita Luana, afuera hay un señor Alessandro. Dice que es amigo suyo y que quiere verla —informó el guardaespaldas mientras abría ligeramente la puerta.
Luana miró por la rendija y vio la alta figura de Alessandro.
En ese instante, Alessandro también dirigió la mirada hacia ella.
Sus ojos se encontraron en el aire.
Luana se quedó atónita por un momento.
La mirada de Alessandro parecía estar completamente fija en ella.
Y una vez que sus ojos se encontraron, le resultó imposible apartar l