—Mamá, no hagas caso de las tonterías que dice esa gente —dijo Lucca apresuradamente, apretando la mano de Luana.
Sus ojos infantiles rebosaban una preocupación protectora, temiendo que ella pudiera sentirse herida.
Luana sonrió con dulzura y se agachó hasta quedar a su altura.
—Está bien, mis amores. Mamá no se deja afectar por palabras vacías. Pero escúchenme bien: si algún día no se sienten felices aquí, prométanme que me lo dirán, ¿de acuerdo?
Los tres pequeños asintieron al unísono.
No les