HASSAN AL-ÁSAD
—Está bien —susurra—. Mi segunda condición es que —se queda en silencio por unos segundos— no deseo que usted tenga más esposas, ni concubinas, ni ninguna otra mujer.
Me sorprende al escuchar la petición que desea; en nuestra religión no es mal visto que un hombre tenga más esposas, y más un jeque que debe darle un futuro prometedor a su nación dándole muchos herederos.
Sin duda alguna, es una chiquilla demasiado valiente para pedirme algo así, pero, ¿por qué quiere algo como