JADE AL-QALA
Había pasado una semana desde que acepté ser la esposa de su majestad; todo esto era difícil de asimilar para mí. Mi vida había dado un giro de 180 grados; sabía que mi vida cambiaría, pero no imaginé que tanto, y eso que aún no estábamos casados.
Al salir a la calle o a cualquier lado, ahora la gente ya no me miraba con desagrado como muchas veces lo hacían; ahora las personas bajaban la mirada al verme pasar, muchas otras me miraban con miedo, y otras lo hacían con lástima, y c