Rose apartó el rostro de la mano de Matteo que sostenía su barbilla, liberándose suavemente. Se levantó rápidamente y caminó hacia el balcón. Su corazón latía con fuerza, algo que nunca había experimentado antes.
Rose estaba empezando a tener miedo de sus propios sentimientos.
—¿Puedo ver el balcón? —preguntó Rose, cambiando de tema.
—Claro.
Rose apartó rápidamente la fina cortina frente a ella y abrió la puerta. En el instante en que vio la vista exterior, quedó cautivada. Los edificios parecí