—¡Lárgate! —gritó Matteo con dureza.
Sin decir una palabra más, Rose salió corriendo de su habitación, con el orgullo hecho pedazos.
Por fin había reunido el valor para besarlo… y él la había rechazado.
Solo pensar en haberlo besado la hacía sentirse barata. ¿Y ahora estaba siendo tratada como basura?
Todo mientras la vida de su madre pendía de un hilo.
¿Qué se suponía que debía hacer Rose?
Cada opción parecía un callejón sin salida.
Doblando por el pasillo, se detuvo frente a su habitación. Se