Los pasos del Rey se desvanecieron por los pasillos de piedra, dejando atrás un silencio pesado y cortado. Uno a uno, los miembros del Consejo se retiraron. Sus túnicas siseaban contra el suelo como serpientes en la hierba mientras se apresuraban a salir.
Me quedé allí, con el pecho oprimido, esperando a que Eilis me mirara.
No lo hizo.
Permaneció en el suelo, con las manos undidas en el pelaje enredado de Osric y Elian. Les susurraba con un sonido gutural que no parecía del todo humano.
Dí un