León
El trayecto al restaurante transcurrió en silencio. No había reservado con suficiente antelación, pero no importaba. Los Branston eran los reyes de este país; podían ir a donde quisieran, a cualquier hora, sin reserva.
Isabella no había hecho nada fuera de lo común. Se aferraba a las rosas que le había regalado como si temiera que todo fuera un sueño. Habría dado cualquier cosa por saber qué pensaba: cómo veía las flores y si alguna vez había recibido flores.
Desde luego, no de Liam.
Pero