León
Me quedé paralizado un buen rato, observando a Isabella. Sus hombros temblaban con los restos de sus sollozos, y sus manos se aferraban como si intentara recomponer los pedazos de una vida que jamás había conocido. Cada palabra que me había gritado, cada acusación, cada pregunta, me golpeaba como una cuchilla, hiriéndome de una forma inesperada.
Sin embargo, bajo el dolor, había una extraña claridad. Estaba viva. Estaba luchando. Era humana, con ira, dolor y una voz que se negaba a ser sil