—Um... um... Lo siento, pero no creo que pueda —balbuceó.
—¿Eh? ¿Por qué? —preguntó él, con expresión decepcionada.
—¡No...! ¡No! ¡No eres tú, de verdad! Es solo que no sé bailar, ni un poquito. Así que, para evitar que ambos hagamos el ridículo, creo que será mejor que no lo intentemos —explicó.
Williams sonrió y deslizó con suavidad un brazo alrededor de su cintura, acercándola a él.
El corazón de Charlotte dio un vuelco en cuanto sintió aquel contacto y tragó saliva con dificultad. Podía esc