Capítulo 25. El arte de odiar.
Aunque hace más de un mes uno de sus amigos lo había invitado a su museo, nunca leyó la tarjeta lo suficiente. Solo supo que era un evento elegante y que debía ir acompañado. Pero a Noah se le pasó por alto, que era la restauración de un museo y lo habían convertido en galería de arte. Él solo creyó que era una galería nueva. De igual manera, su amigo cada mes hacía una locura nueva con algún lugar abandonado.
—Es bueno verte de nuevo, O'Brien —lo saludó su mejor amigo.
—Sé que no me esperabas.