Vania Cooper
Supe que algo andaba mal a la mañana siguiente cuando Colton ya estaba despierto y sentado en la esquina de la cama mientras miraba el amanecer a través de las ventanas con las cortinas corridas.
Me senté despacio al notar lo melancólico que parecía estar y algo en mi pecho se apretujó.
—¿Colton? —llamé en un susurro.
—Buenos días, cariño.
Su voz sonaba espesa y algo ronca, pero no del tipo de ronques sexy que me ponía por las mañanas, sino de ese tipo en el que tienes un nudo