Todo era un absoluto caos. Cuando mis ojos se abrieron al otro día me en encontré con mas de cincuenta llamadas perdidas.
Y al ver la hora en el reloj me di cuenta de que eran las once de la mañana. Sobre la mesita de noche se encontraba una nota con letra pulcra y perfecta que me dejaba saber que Clay había desayunado y se había marchado con Colton a la empresa para una visita.
Pero lo que me tenía al borde y desconcertada eran la cantidad de llamadas y mensajes que había recibido por parte d