Colton era simplemente increíble. Cada cosa nueva que aprendía de él me hacía clavarme más y más profundo la estaca en el pecho, una estaca que llevaba su nombre y apellido.
Era encantador, atento, dedicado, detallista. Jesús tenía tantos puntos buenos que enumerarlos todos me llevaría todo el día.
Durante los pocos días que duró el viaje de negocios, lo vi en una de sus mejores facetas, pues, aunque tenía que estar de una reunión a otra sacaba tiempo suficiente para desayunar y cenar con noso