La cena de anoche fue ciertamente deleitante. Habíamos cenado en el patio, cerca del jardín de rosas y el olor deleitante de las flores, sumando a la brisa fresca de la noche y a la tenue luz del lugar, todo fue mágico.
Y el haber visto la sonrisa de Clay en todo momento mientras nos contaba de su día y de sus clases extracurriculares, fue la cereza del pastel.
Su padre escuchaba atento y le cuestionaba cosas que no debería, pero Clay parecía encantado de que su padre le preguntara el por qué