Capítulo 123: El Presagio del Vacío
Laís
El silencio de la madrugada no era el silencio del descanso; era el silencio que precede al derrumbe. Me daba vueltas de un lado a otro en la cama, y las sábanas, que aún conservaban el aroma de Nate, parecían quemarme la piel.
Una inquietud visceral, algo que nacía en lo más profundo de mi estómago y ascendía hasta la garganta, me impedía cerrar los ojos. Me senté, volví a acostarme, fui al baño, bebí agua... nada lograba calmar la tormenta silenciosa q