Capítulo 33 —Te lo adevertí
Narrador:
El trayecto hasta la mansión fue un infierno de anticipación contenida.
Roman no le soltó el muslo en ningún momento.
Primero, fue solo una caricia, lenta, provocadora, el roce de sus dedos deslizándose sobre la tela de su pantalón. Luego, la presión aumentó, sus dedos hundiéndose en su piel con una firmeza que no dejaba dudas de su intención.
Aylin apoyó la mano sobre la de él, no para detenerlo, sino para afirmarse en lo que estaba pasando. Roman la miró