— ¿Quieres esto? — preguntó, sus ojos en los míos.
— Quiero.
— ¿Incluso sabiendo que alguien puede entrar?
— Mejor aún.
— ¿Incluso sabiendo que puedo hacerte daño?
— No lo harás.
Me besó de nuevo. Más profundo. Su mano bajó a mi muslo, subió por debajo de mi vestido, apretó mi carne. Me agarré a su cabello, tiré, gemí dentro de su boca.
— Quítate esto — pidió, tirando del vestido.
Levanté los brazos. Lo quitó. Mi cuerpo quedó desnudo de cintura para arriba. Sujetador de encaje negro — el único