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— Sube al coche, Miles, tu abuela va a hacer la tarta de fresa que quieres — intento persuadirlo para que entre. Su rabia hacia mí todavía no ha pasado, y está siendo un sacrificio hacerlo entrar en el coche.
— ¡Quiero a mi madre! — grita, sin moverse ni un milímetro del suelo en el que está sentado, su forma de protesta.
Me froto la sien, tratando de mantener la calma, pero es difícil con un niño gritando, otro provocando y el otro que no me deja ponerle el cinturón de seguridad.
— Si su