Mundo ficciónIniciar sesiónLa mansión de Mario estaba a unas calles de la de la familia Amaya. Los celadores de la propiedad reconocieron a Luisa y la dejaron entrar después de que les dedicara una sonrisa amable, con la que ocultaba no solo el dolor que oprimía su corazón, sino también sus intenciones. Dos minutos después de haber atravesado la puerta de la propiedad, Luisa timbró en la entrada de la casa.







