La junta directiva aprobó la propuesta: Victoria sería la vicepresidenta, mientras que Andrés asumiría el cargo más alto de la empresa.
La decisión fue un trago amargo. Victoria estaba profundamente molesta. Andrés, como siempre, la había menospreciado, la había hecho sentir como si no valiera nada, y lo peor era que no lo ocultaba: se encargaba de gritarlo a los cuatro vientos. Ahora le había arrebatado la presidencia que su padre le había asignado, dejándola con un cargo menor, una sombra del