CAPÍTULO 50: DEBO SALVARLA
Akira los siguió a una distancia segura, cuidando cada uno de sus pasos mientras se movían hacia la montaña. El miedo la invadía, pero sabía que no podía permitirse dudar. Para disfrazar su aroma y evitar que el rey o cualquier otro lobo detectara su presencia, se arrojó al suelo y se cubrió con tierra y hojas secas. El olor de la suciedad envolvía su cuerpo, ayudándola a pasar desapercibida, pero la tensión seguía apretando su pecho.
El rey Alaric caminaba con Galici