Rachel despertó lentamente, parpadeando al sentir el sol filtrándose a través de las cortinas pesadas de la habitación.
Escuchó que alguien susurraba su nombre, era suave y persistente, pero cuando se incorporó en la cama, se dio cuenta de que estaba sola. Miró alrededor, con el ceño fruncido en confusión.
—¿Alexander? —susurró, pero el silencio fue la única respuesta.
Se frotó los ojos, intentando recordar de dónde venía esa voz, y entonces lo recordó: la había escuchado antes, justo antes de