Rachel tomó una profunda bocanada de aire, tratando de calmar su corazón acelerado. Comenzó a relatarle todo lo que la diosa Luna le había contado, con una voz que fluctuaba entre la incredulidad y la euforia.
Le habló de su verdadera naturaleza, de cómo no era una simple humana sino la hija de un alfa poderoso y una beta.
Mientras hablaba, Alexander sintió que su propio mundo se tambaleaba. Las revelaciones eran tan sorprendentes que, por un momento, casi no podía creer lo que estaba escucha